El Poder de las Relaciones: La Lección que Aprendí del Partido de Futbol de mi Hijo

Ángel tenía todo para ganar.

Había entrenado durante semanas, sudando bajo el sol inclemente de las tardes escolares y después en casa.

Había aprendido a lanzarse con precisión felina para detener cualquier disparo. Sabía que, en el arco, él era el mejor.

Pero en la vida, como en el fútbol, no siempre basta con ser el mejor.

El día del partido interclases, Emilio, el capitán del equipo, decidió que el puesto de portero sería para otro niño.

No porque fuera mejor, sino porque era su amigo.

El resultado fue un desastre: siete goles en contra y un equipo que salió cabizbajo, con la sensación amarga de que las cosas pudieron ser distintas.

Cuando el polvo se asentó y la frustración se convirtió en reflexión, le pregunté a mi hijo qué había aprendido.

—Que es bueno jugar en la posición donde eres fuerte —me dijo—. Pero también que el mundo no siempre es justo.

Y entonces le compartí una lección que me tomó años entender: no basta con ser el mejor.

…Si no construyes relaciones, si no te ganas la confianza y la cercanía de quienes toman decisiones, puedes terminar en la banca viendo cómo pierdes 7-0.

El poder de las relaciones no es algo negativo. No es manipulación ni favoritismo barato.

Es la realidad humana más poderosa que existe.

Piensa en tu vida profesional, en tu rol como freight forwarder, colaborador o empresario.

No importa si eres el más preciso con las tarifas, el que tiene la mejor red de proveedores, o el que maneja los tiempos de tránsito con maestría.

Si no cultivas relaciones, si no generas confianza con tus jefes, compañeros o clientes, te dejarán fuera cuando llegue el momento de decidir.

Es así en todas partes:

Dentro de una empresa, si eres empleado, tu relación con tu jefe puede marcar la diferencia entre que te den un proyecto importante o que te ignoren por completo.

Como freight forwarder, puedes tener el mejor servicio del mercado, pero si no te esfuerzas en crear un vínculo genuino con tus clientes, en conocer sus dolores, sus metas y sus preocupaciones, otro proveedor —quizás no tan bueno como tú— se llevará el negocio.

El secreto está en tratar de combinar ambas cosas: ser el mejor en lo que haces y ser el que mejor se lleva con el líder, con tu cliente o con quien toma las decisiones.

O, como le dije a Ángel ese día en el parque:

—Tienes dos opciones: o te conviertes en el mejor amigo del que manda en el equipo… o te conviertes en el que manda.

Igual simpre

En tu freight forwarder, como en el fútbol, el talento te lleva lejos, pero las relaciones te abren las puertas correctas.

Y cuando logras ambas cosas —ser el mejor y ganarte el corazón de quienes deciden— no solo juegas el partido, lo ganas.

¿Te ha pasado antes?

Autor: Copyrigth de Luis Angel Mera

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