Soberanía en Alta Mar

Soberanía en Alta Mar: El imperativo estratégico de una flota petrolera venezolana

Por: Abg. José Alberto Venales Mejías.

El eco del Zumaque y el horizonte perdido

El mar siempre ha sido, para Venezuela, el espejo de su destino. Desde que las maderas de los bergantines coloniales cedieron el paso al acero de los tanqueros,nuestra historia ha estado escrita con la tinta negra del hidrocarburo. Sin embargo, hay una paradoja que flota en nuestras aguas: poseemos el tesoro más grande del subsuelo, pero hemos permitido que las llaves de su transporte queden en manos ajenas.

Todo comenzó en los llanos de Mene Grande. Aquel julio de 1914, cuando el Zumaque I rompió el silencio de la tierra para anunciar que Venezuela era un gigante dormido sobre un océano de energía, nació también una dependencia silenciosa. Durante décadas, vimos con orgullo cómo nuestro crudo alimentaba los motores del mundo, pero lo hacía en barcos con banderas extrañas y nombres lejanos. Nuestra geografía no fue un accidente, sino una bendición de la provisión. Con más de 3.700 kilómetros de costa, cuya longitud abarca tanto el Mar Caribe como el Océano Atlántico, Venezuela no es solo un país petrolero; es un puerto natural que mira de frente al Atlántico y abraza al Caribe. Somos la proa de Suramérica. Por ello, hablar de una flota propia no es un capricho de ingeniería, sino el acto de justicia histórica más urgente de nuestra industria: que el petróleo venezolano navegue en acero venezolano, comandado por manos que sientan el salitre de nuestras propias orillas.

II. Ventajas Geográficas: El «Hub» Natural del Caribe.

Venezuela tiene una ubicación envidiable que justifica una flota nacional, nuestras costas no son solo paisaje; son logística pura. La cercanía estratégica con el Canal de Panamá y la ruta directa hacia los mercados de Europa y la Costa Este de los Estados Unidos nos colocan en el epicentro del comercio energético global. Poseemos terminales naturales de aguas profundas que otros países desearían, en base a los cuales se han presentado proyectos de construcción, por supuesto hay que tomar en cuenta para ello la protección al medio ambiente, lo cual sería tema para una próxima edición, pero un puerto sin barcos propios es como una garganta que no puede gritar.  La creación de una flota nacional no solo acortaría distancias; eliminaría las  cadenas de los fletes externos que hoy merman nuestra rentabilidad, además  nos otorgaría seguridad logística ante decisiones de terceros que puedan  intentar paralizar nuestra comercialización, generando también divisas extras  producto de la prestación de servicios de transporte a otros países de la región,  convirtiéndose en una unidad de negocio independiente. Es hora de entender  que la verdadera independencia no termina en la boca del pozo, sino donde el  barco entrega su carga en el puerto de destino.

III. El Acero y la Alquimia: Construir el Futuro en Casa

Si el petróleo es la sangre de la nación, los buques son las arterias que deben  transportarla. Pero, ¿puede un país que ha mirado y vivido casi de espaldas al  mar durante siglos, fabricar sus propios gigantes de hierro?  La respuesta yace en el corazón de nuestras costas, en instituciones  como DIANCA (Diques y Astilleros Nacionales). Despertar este coloso no es  solo una tarea de ingeniería; es una operación de soberanía industrial. Sin embargo, la construcción naval es una coreografía compleja que hoy requiere de  una transferencia tecnológica audaz.

La Metáfora del Astillero: No se trata solo de soldar planchas de acero; se trata  de sembrar una escuela de saberes donde el ingeniero y el obrero se vuelvan  artesanos de la energía, para así impulsar la reactivación de la industria  metalmecánica y la formación de una cantidad mayor de marinos mercantes  venezolanos, para robustecer nuestra soberanía energética real. En DIANCA Si  bien hoy se enfocan en mantenimiento, el objetivo a largo plazo debe ser la  construcción modular y en su favor ya cuentan con una experiencia previa como  los buques construidos en alianza con Argentina, por ejemplo, lo cual nos sirve  como lección aprendida sobre la necesidad de autonomía técnica.

Imagen cortesia del Cap Ricardo Jimenez

La Realidad Técnica: Un buque de alto calado, como un Aframax (capaz  de transportar hasta 120.000 toneladas) capaces de transportar entre  500.000 y 800.000 barriles de crudo, requiere una infraestructura de grada  y dique seco que debemos modernizar. La meta no es construir el 100%  de inmediato, sino iniciar con el ensamblaje modular y el mantenimiento  mayor, recuperando el control sobre nuestra propia operatividad.

¿Quiénes podrían intervenir en esta travesía financiera?

Aquí la geopolítica juega su un papel medular. Por supuesto que el Estado  Venezolano debe ser el principal propulsor para lograr esta ambiciosa y  necesaria meta, a través de sus dos entes más idóneos en este sentido, como  lo son PDVSA y el Ministerio de Transporte, mas no caminamos solos; la alianza  con potencias que dominan el arte naval y la cooperación con socios regionales, permite un esquema de «Petróleo por Tecnología», además por supuesto atraer  la inversión del capital privado, nacional o foráneo, tomando en cuenta los servicios conexos (avituallamiento, reparaciones menores), que de contar con  una seguridad jurídica y reglas claras para garantizar su inversión, querrán ser  parte de este proyecto, para que nuestro país pueda contar con su propia flota  tanquera para recuperar su posicionamiento en el concierto energético mundial  y caminar a la par del crecimiento de la producción petrolera que se augura, con  la Reforma de nuestra Ley de Hidrocarburos que pronto se hará oficial.

El Navegante en la Encrucijada Geopolítica.

No podemos ignorar que los vientos han cambiado de dirección. Venezuela se  encuentra hoy en un punto de inflexión donde la pragmática supera a la  ideología. El regreso de los actores energéticos del norte, liderados por una  visión de mercado que busca estabilidad y cercanía, plantea una nueva  interrogante para nuestra flota: ¿Es posible una soberanía compartida?  Si bien el capital puede venir de Houston, Moscú o de Beijing, la gestión de la  logística debe ser el bastión que no se entregue. Una flota propia no es para  competir contra nuestros socios, sino para sentarse a la mesa con ellos en  igualdad de condiciones. En este «discurso de transición», donde Estados Unidos  busca minimizar influencias extra-hemisféricas, Venezuela tiene la oportunidad  de oro: presentar su flota como la garantía de seguridad energética regional,  un puente neutral que asegure que el crudo fluya sin las trabas de la geopolítica  global.

V. La Cosecha de las Olas: Retorno y Beneficio Regional

La inversión se recupera no solo en dólares, sino en tiempo y dignidad. Al dejar  de pagar fletes a terceros, que a menudo son rehenes de vaivenes políticos, Venezuela ahorraría miles de millones al año.  Pero el beneficio trasciende nuestras fronteras. Una flota venezolana fuerte es  el motor de una integración caribeña real. Es la posibilidad de llevar energía a  las islas vecinas y a los puertos del sur con una logística compartida, convirtiendo  al Caribe no en una frontera de naciones aisladas, sino en un lago de prosperidad  compartida bajo una bandera de cooperación energética, propiciando el  liderazgo en el suministro energético de esta región, revitalizando iniciativas  como Petrocaribe) con logística propia, abaratando costos para los vecinos y  fortaleciendo la integración.

VI. El Corazón de la Máquina: El Talento Humano

Pero toda esta danza de barcos, cifras y potencias sería solo un cascarón vacío  sin la energía más poderosa y, a menudo, la más olvidada: la mirada de nuestra  gente de mar. La verdadera flota venezolana no se construye solo con acero, sino con el saber  acumulado de generaciones de marinos mercantes, ingenieros navales y  técnicos que han mantenido a flote la esperanza en los tiempos más oscuros.

El Relevo Generacional: Nuestras academias náuticas son los  semilleros donde se cultiva la disciplina y la pericia. Invertir en una flota  es, por encima de todo, darle un propósito a cada cadete que hoy sueña  con comandar un buque bajo el tricolor nacional.

La Ética del Mar: El marino venezolano conoce sus aguas como nadie.  Ese sentido de pertenencia es el que garantiza que cada barril llegue a  puerto con la eficiencia que solo da el amor por la propia tierra.  Al final del día, los buques pueden ser alquilados, las refinerías pueden ser  gerenciadas, pero la soberanía se siente en las manos que sujetan el timón.

BASES JURIDICAS:

VII. Hacia un nuevo «Derecho Energético y de Navegación » en la

Transición

En este entorno de licencias y nuevas gerencias (como la influencia de Chevron),  el reto legal es armonizar nuestras leyes nacionales con la seguridad jurídica  internacional. Una flota propia, bien estructurada bajo estándares de la OMI  (Organización Marítima Internacional), no solo cumple con la ley venezolana,  sino que se blinda ante el mundo como una flota legítima, segura y transparente.  

El Ancla Legal: La Arquitectura de Nuestra Soberanía Acuática  Desde el punto de vista del Derecho Marítimo, Venezuela no parte de cero.  Poseemos una de las legislaciones más modernas y protectoras del sector en la  región. La posibilidad de una flota propia no es una entelequia, es un mandato  contenido en nuestro cuerpo normativo:

La Ley Orgánica de los Espacios Acuáticos (LOEA): Es nuestra carta  magna en el mar. En ella se define la importancia estratégica de la Marina  Mercante Nacional como un factor de desarrollo y seguridad de la  Nación. Como abogado, resaltamos la importancia de esta Ley, ya que,  en su articulado, establece que el Estado debe promover la participación  en servicios públicos estratégicos (como el transporte de hidrocarburos)  a través de empresas nacionales o mixtas.

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La Ley General de Marinas y Actividades Conexas: En esta Ley reside  el corazón operativo, por lo que ella regula el Registro Naval Venezolano  (RENAVE). El contar con buques inscritos en nuestro registro no es solo  un tema de bandera; es lo que garantiza la jurisdicción plena. Bajo el  pabellón nacional, el buque es territorio venezolano, lo que nos otorga una  defensa jurídica robusta frente a las pretensiones de embargo o  interferencias en aguas internacionales, bajo el principio de la «ley del  pabellón».

La Reserva de Carga: Este es un concepto técnico-legal que debemos  invocar, ya que históricamente, nuestra legislación ha contemplado la  protección de la carga generada por el Estado para ser transportada  preferiblemente por buques nacionales. En el contexto actual, reactivar y  defender la reserva de carga para el crudo venezolano sería el motor  económico que garantice la viabilidad financiera de la flota. No es  proteccionismo; es el ejercicio del derecho a transportar lo que  producimos, por lo menos en un justo porcentaje.

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La Ley de Reactivación de la Marina Mercante: Esta ley ofrece un  marco de incentivos fiscales y aduaneros para la adquisición y reparación  de buques en el país. Es la herramienta para atraer esa inversión que  mencionamos antes, permitiendo que el capital (venga de donde venga,  sea del Norte o del Oriente) encuentre un puerto seguro y fértil en nuestras  leyes.

«Como hombres de leyes, entendemos que el Derecho Marítimo es el lenguaje  en el que se negocia la paz y el comercio del mundo. Venezuela tiene las reglas  claras; solo falta poner el acero a navegar bajo el amparo de nuestra propia  justicia.»

Bitácora de Soberanía: Datos para el Análisis

El Hito Fundacional: El Zumaque I (MG-1), descubierto el 31 de julio de  1914 en la cuenca del Lago de Maracaibo, no solo marcó el inicio de la  era petrolera, sino que convirtió a Venezuela en el primer exportador  mundial de crudo para 1928. Sin embargo, el transporte quedó  históricamente bajo el régimen de «fletamento por tiempo» de las  operadoras extranjeras.

El Gigante Dormido: DIANCA (Puerto Cabello), con más de 115 años de  historia, posee el dique seco más importante del Caribe. Su capacidad de  maniobra es la piedra angular para cualquier proyecto de flota nacional  que busque cumplir con las estrictas normativas de la Organización  Marítima Internacional (OMI).

Seguridad Jurídica y Logística: Desde la perspectiva del Derecho  Marítimo, una flota con bandera venezolana permite ejercer  la jurisdicción plena sobre la carga, minimizando los riesgos de  embargos preventivos y litigios en jurisdicciones extranjeras que han  afectado la comercialización del crudo en años recientes.

Hacia la Eficiencia Energética: La nueva generación de buques (Eco Tanqueros) reduce las emisiones de carbono y el consumo de  combustible en un 15%, alineando a Venezuela con las metas globales  de descarbonización del transporte marítimo.«La soberanía no se decreta solo en los despachos; se defiende en la estiba, se  garantiza en el contrato de fletamento y se ejerce plenamente cuando el pabellón  nacional ondea sobre el puente de mando en aguas internacionales.»

Epílogo: El Puerto de Llegada

Venezuela no debería simplemente comprar barcos; imperativo es recuperar su  lugar en el mundo. La creación de una flota propia es el acto de fe más grande  que podemos hacer en nuestro propio futuro. Es decirle al mundo que no solo  somos una reserva de recursos, sino una nación con la capacidad, el talento y la  voluntad de cruzar todos los océanos para reclamar su destino.  Que este primer número de nuestra revista sea el faro que ilumine esta travesía.  Porque un país que se atreve a navegar sus propias aguas, es un país que ya  ha comenzado a ganar su libertad. Hasta nuestra próxima travesía.

El networking marítimo no es un complemento de la operación; es una parte integral de la competitividad.revistamaritima.com/2026/01/06/e…

Marítima y Portuaria (@maritimayportuaria.bsky.social) 2026-01-07T01:13:46.054Z

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